AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS (III)
Como decía el Oráculo de Matrix, todo principio tiene un final, y yo, como soy un chico muy ordenado, me he dejado lo mejorcito, es decir, a los peores, para este último capítulo.
Si los personajes que os presenté en las dos primeras partes del relato os parecieron raros, entonces váis a alucinar con estos.
El 1º en pasar por la guillotina estilográfica será Gordo Cabrón.
Qué decir de él...pues básicamente eso, que era un gordo y un cabrón. Si bien lo de gordo se veía a 100 metros, lo de cabrón se lo tuvo bien guardado, almenos al principio.
Debo decir que cuando lo conocí me cayó muy bien. Era la primera persona que encontraba que sabía más que yo sobre Bola de Dragón. Además, también compartíamos las aficiones del cine, la informática y algunas frikadas más.
Gordo Cabrón tenía pinta de exibicionista, no por su cuerpo (si por éste fuera, se parecería más a Sancho Panza) sino por el abrigo que siempre llevaba, hiciera frío o calor. Un abrigo negro y largo, como los de Matrix, pero a lo cutre, Le tenía tanto aprecio a esa prenda, que yo empecé a pensar que no llevaba nada más debajo y que, en cualquier momento, le daría por abrirlo de par en par para mostrar al mundo sus mini atributos. Por suerte para mí, esa desagradable momento nunca llegó.
Increíblemente, el muy Cabrón pronto se echó novia. Se puso a salir con la Perra, una residente más de este manicomio universitario. La pobrecilla no sabía dónde se metía.
Gordo Cabrón comía a manos llenas. Tragaba más que un Renault 21 a gasolina, y como era de esperar, consumió hasta la personalidad de su propia novia, convirtiéndola en un ser oscuro como él (tengo que aclarar que, actualmente, la chica está volviendo a la luz)
Gordo presumía de vivir como un rico, pero pedía dinero a todo el mundo. Ni me acuerdo la de cocacolas que le invité (a litro por día...echad la cuenta) El tío acumulaba más gas en el cuerpo que una central de Schweppes.
Entre sus grandes cualidades, destacaba una por encima de las demás, su tacañería. El Cabrón era cofrade de la Hermandad del Puño Cerrado. Por ejemplo, montar en su coche era todo un suplicio. Tenías que pagar como en un taxi y además escuchar sus gilipolleces durante todo el camino, ¡encima de puta apaleada! Sólo le faltaba instalar un cuentaquilómetros.
Lo único que me consolaba era saber que, para el tema del dinero, era una persona muy justa, puteaba a todos por igual. Allí pagaba todo el mundo, hasta su novia. Jamás vi tan estricto uso de la ley del reparto de bienes. El cabronazo no invitaba a su novia ni a un café. Si comían en un Burger, contaba las patatas una a una para que su señora esposa no se llevara ni un gramo más de lo que había pagado. Gargamel a su lado era más desprendido que Pocholo.
Una vez, los abuelos de la Perra, invitaron al Gordo Cabrón a pasar unos días con ellos en Tarragona, por supuesto, a gastos pagados. Aún así, a él no le debió parecer suficiente porque, el muy rácano y miserable, le exigió a su novia que le pagara la mitad de la gasolina, aún estando ella ya en Tarragona.
Gordo C. también era muy friky. Era tan, tan friky, que Paco Porras a su lado parecería el Príncipe Felipe. Era un hipervicioso de los videojuegos. Su casa parecía un Blockbuster. Los cd's se desparramaban por toda su habitación. Su obsesión era tal, que llegó a tener a la vez, todas las consolas del mercado. Y es aquí donde radica el problema, ya que le pedía el dinero a su novia para comprarlas. Él, por descontado, no daba palo al agua. Ni trabajaba, ni estudiaba (empezó 3 carreras y no terminó ninguna)
Llevaba mejor vida que el Conde Lequio.
Por suerte, su novia abrió los ojos y acabó largándolo. En fin, más vale tarde que nunca.
A él, se le ha visto últimamente en convenciones anime de Bola de Dragón, vestido de ciborg (una frikada más en su ya larga lista) la cual cosa no entiendo, porque si hubiera elegido a Ulong, no le hubiera hecho falta disfrazarse.
Cómo colofón final, os contaré una última cosa sobre este chico, para que acabéis de comprender su esencia última.
Un día, la Perra se encontraba muy mareada. Mi novia y yo le dijimos que llamara al Gordo para que la llevara a casa, ya que él estaba a punto de salir de clase, tenía coche y vivía cerca de ella. Bien, pues ella se negó rotúndamente, y nos dijo que si le llamaba por eso, él se iba a enfadar mucho y la tendría con ella.
Creo que ante esto, no me queda nada más que añadir de Gordo Cabrón, con sus actos, él mismo cae por su propio peso...nunca mejor dicho.
Mi historia está a punto de llegar a su fin y debo decir, que me he quedado muy relajado después de tanto despotriqueo. Ha sido mejor que una terapia de SPA, pero, aún me falta criticar a alguien más para conseguir equilibrar, por completo, mi Yin-Yang interior. Me queda rematar a Carapán. Con él empecé y con él debo terminar.
En el Relato I os contaba como se convirtió en mi sombra desde el primer día. Si bien el chaval no era el peor de todos, sin duda era el más loco, pero en el sentido literal de la palabra.
El chico estaba muy frustrado porque nunca había tenido novia. Era más virgen que el Padre Apeles. Pero esta situación era normal si tenemos en cuenta el grave problema que sufría Carapán. Su mente veía cosas que realmente no ocurrían.
Este tipo de paranoias siempre se daban con el sexo contrario.
La 1ª vez que vi en acción su locura fue por lo siguiente. Los dos teníamos una amiga en común. Bueno, realmente sólo era amiga mía, porque, aunque los 3 fuímos a la misma clase en 3º de BUP y COU, él jamás intercambió ni una sola palabra con ella. La cosa está en que ella, pasó un día por la cafetería de nuestra facultad. Vió a Carapán sentado en una mesa y ella, correctamente, le saludó, le preguntó cómo estaba y se despidió de él deseándole que todo le fuera bien. Cuando me encontré a Carapan esa misma mañana, estaba cabreadísimo, a punto de estallar. El chaval no entendía la frialdad de mi amiga, después de todo lo que habían pasado juntos, es decir, lo que su mente enferma creía que habían pasado juntos. Indignado, sacó su agenda, buscó el nombre de la chica, el cual estaba enmarcado en un corazón, y se puso a tacharlo junto con un montón de fechas y números. Yo logré leer la última fecha que aún quedaba visible "15/06/99 última vez que vi a Patricia, hace ya 730 días"
Una gota de sudor frío, mezcla de sorpresa y acojonamiento cayó por mi frente. Ahí me di cuenta que, a Carapán, le faltaba un hervor. Meses después, y con la siguiente historia, acabé confirmando su locura.
Carapán, como hablaba menos que el mudo de los hermanos Marx, se apuntó a un cursillo de teatro para ver si conseguía así, un poquito más de soltura. El cursillo sólo duraba 4 semanas (una clase por semana) pero en la 2ª clase, ya me estaba diciendo que se había enamorado de una compañera del curso, y que le iba a decir algo porque creía que el sentimiento era mutuo. Yo que ya empezaba a conocerlo, le dije que se lo tomara con calma, y le pregunté cómo estaba tan seguro de los sentimientos de la chica hacía él. Carapán me contestó que, un día, le tocó hacer una actuación de 5 minutos con ella, y al terminar la clase, ella se despidió con un adiós y una sonrisa. Tras oir esto me quedé helado, y decidí apartarme de él, antes de que cometiera una violación o algo parecido.
Días más tarde, me enteré que averiguó el número de teléfono y la dirección de su amada. Que la llamó y, como no la localizó, se plantó en su portal y estuvo esperándola durante más de 4 horas. Ella, por suerte, no apareció.
¿Espeluznante verdad? Pues más espeluznante fue cuando le conté que iba a salir con la Polaca (que sigue siendo mi novia) y me respondió que no lo hiciera porque, a él, también le gustaba, y creía que el sentimiento de ella era recíproco. Por supuesto, comenté este hecho con la Polaca, y ella me dijo que jamás había tenido una conversación de más de 10 palabras con él.
Espero que ahora comprendáis un poco más, el porqué, de mi perturbado estado mental. Demasiado cuerdo estoy, después de haber compartido cafetería con este grupo de dementes.
En fin, pues esto es todo. Deseo que os haya gustado mi historia y, aunque muchos no lo creáis, todo lo que he contado es real.
Ah, os recuerdo que en mi carrera había un 70% de mujeres y, por supuesto, también tuve un grupo de "amigas" (la Perra, la Zorra, la Polaca, la Medio Metro, la Heterotortillera, la Virgen...) que no tenían nada que envidiar a los componentes de este relato. Pero, ya no me apetece seguir criticando. No soy tan malo... ¿o sí? Muahahahahahahahahah!!!











Astracán dijo
Recuérdame que nunca me haga amigo tuyo por dos razones:
1) Porque llegaría un momento en que me situaría al mismo nivel de amistad que esas personas
2) Porque no quiero que cuenten tan bien mis fallos y paranoias mentales.
Eres un crack!
22 Mayo 2007 | 11:33 PM